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10/04/19
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«Única en su especie y espacio»: entrevista a Eme Carranza para Revista Estilo Propio

La remodelación de El Preferido de Palermo y la parrilla Don Julio; la inauguración del restaurante asiático TORA; el bar Pompeya en Castelar; un Fabric Sushi en Puerto Madero: en el menú de Eme Carranza y su equipo, hay platos para todos los gustos. Recetas e ingredientes secretos de la directora creativa porteña más buscada.

Un currículum tradicional diría que estudió diseño gráfico en la UBA. Que trabajó en identidad de marcas. Que es especialista en el rubro gastronómico. Pero en EME CARRANZA no hay nada de tradicional, sino al contrario: todo es fuera de serie, extraordinario, inesperado. Si bien se presenta como directora de arte que desarrolla identidad en espacios, para ella lo mejor de su trabajo es que no puede ser definido: “En las primeras reuniones de proyecto, la gente no entiende qué es lo que hago: me preguntan si soy arquitecta o decoradora. Encontré el lugar donde poder expresar o materializar todo lo que me fascina y es un oficio que al no estar rotulado, no se agota nunca”. Bienvenidos al mundo sin límites de una artista que arrasa.

 

Composición personal
De chica hacía taller de arte y de pintura, recuerda, entre “señoras grandes”. Dibujaba sin parar y confeccionaba su propia ropa. El cine y la fotografía también estuvieron muy presentes en su vida: siente fascinación por lo analógico, lo manual, por el rollo y el revelado, por lo que se transforma de manera natural, sin que uno pueda intervenir. Su formación es mucho más completa y compleja que lo que su carrera académica puede abarcar: si bien el diseño gráfico aplicado al branding fue una puerta al mundo de la identidad, EME traía su propia mochila, aunque quizás sea más justo hablar de un cajón de sastre, en donde se puede encontrar de todo.

“Muchas veces me escriben por Instagram o Facebook y me preguntan: ‘¿En dónde estudiaste? Quiero hacer lo mismo que vos’. Es mi propia curiosidad. Me di cuenta de que, como diseñadora gráfica, yo hacía una cosa y después el arquitecto hacía algo distinto. La identidad no es solo el logo y el color: es el todo. La silla, la altura del techo, la comida, el volumen de la música, cómo te atienden. El principal problema que veía es que no había proyectos integrales ni equipos de trabajo. La dinámica que propongo es que todos nos alimentemos de los otros. Yo le muestro al cocinero lo que estoy haciendo y le pregunto qué le parece, aunque no lo entienda”, sostiene.

 

Filosofía de trabajo
“Soy muy reflexiva sobre lo que hago, por qué lo hago y cómo lo hago: trato de revisar eso todo el tiempo. Nunca agarro un proyecto si no hay una bajada conceptual: qué vas a vender, cuál es tu diferencial. No participo de proyectos en los que no haya una propuesta gastronómica o de cocktelería que sea contundente”.

Pero no todo pasa por su cabeza y sus manos: EME habla de su equipo de trabajo (familia y amigos) con orgullo y admiración. “Todos estamos en todo. Creo mucho en la no división de las tareas. Hay algo en la rotación y en cortar con la computadora que genera dinámicas interesantes. Mi mano derecha es JOSEFINA PÉREZ CAMPIONE: su cartera es una valija de herramientas. Maneja cualquier cosa, desde soldaduras y carpintería,hasta electricidad. Estudió escenografía, diseño industrial y restauración de muebles. También trabajo con mi hermana, PILAR MOLINA CARRANZA: viene del diseño de indumentaria, pero es ilustradora. Trabajó mucho en desarrollo de producto. Ella sabe manejar el Excel: la necesito para que me ordene el mundo. Después está ALAN BERRY RHYS: es artista y trabaja para afuera; acá solo hace nuestros proyectos. Y también está JULIÁN VILLAGRA, mi mejor amigo: es diseñador gráfico, fue docente conmigo y es una persona brillante”.

Cuando habla de su abuela, EME se emociona: a su modo, ella también es parte de su equipo de trabajo. Tiene 98 años, se llama MAGDALENA, pero le dicen Pipinita. “Era decoradora de interiores. Trabajaba y se mantenía con su trabajo, se casó muy de grande. Su casa era increíble: tenía empapelados, alfombras, caminos, lamparones, plantas. Todo lo contrario a la mía, que es plain, blanca, con madera y cemento. Le llevo todos mis proyectos”. Recuerda que tenía una casa colonial en Mar del Plata que era pura escenografía. Será de familia, entonces, porque hay algo en estos espacios que reproduce las sensaciones del arte: una fotografía que se queda impregnada en el registro visual de una persona; el final de un cuento que un lector siempre cita; la escena de una película en la que un espectador querría estar. Todos momentos que conmueven (risa, llanto, sorpresa, miedo), a los que uno busca volver y que se instalan como un recuerdo infinito.

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