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14/01/20
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«Pensadores de arquitectura»: entrevista a Fernando Hitzig y Leonardo Militello para revista Estilo Propio

Aprendieron las mismas cosas cursando en la misma facultad, pero se animaron a ampliar sus búsquedas y probar otros caminos. De la arquitectura armaron un sistema que se alimenta del diseño gráfico, el branding y el arte, y que así participa de todo el proceso de creación de un edificio, una casa o un restaurante. No hablan de habitar, sino de experiencias. No crean memorias descriptivas, sino storytelling. No piensan en gremios, sino en disciplinas. No creen en las estructuras heredadas y están listos para transformar el paradigma tradicional de la hotelería y los centros comerciales. En esta entrevista cuentan cómo lo hicieron con la gastronomía a través de arquitecturas que, con bajos recursos, pueden expresar un alto nivel de pensamiento.

¿Cómo se conocieron?
Fernando. Nos conocíamos de la facultad, pero solo de vista y por amigos en común. Casualmente, por diferentes motivos, en 2004 Leo estaba en Madrid y yo también. Ahí nos hicimos muy amigos: él me mandó un mail para ver qué estaba haciendo, nos juntamos y empezamos a planificar la vuelta juntos para armar un estudio de arquitectura. Desde allá participamos de algún concurso e hicimos alguna obra juntos, pero nada muy significativo. Tejimos contactos para llegar con algo más o menos armado y volvimos a Buenos Aires en 2006. Empezamos formalmente ese mismo año, así que hace ya trece que estamos.

¿Siempre en estas mismas oficinas?
Leonardo. No, pero cerca. Siempre en el barrio de Palermo. Lo elegimos cuando todavía no era lo que es hoy. Había ya algo de movida del otro lado de Juan B. Justo y nos interesaba estar en el centro de donde se discute el diseño. Desde entonces tuvimos cuatro mudanzas.
Fernando. En el medio, el estudio fue creciendo, entonces aparecían distintas oportunidades que aprovechamos. Particularmente nos interesaba esta zona porque ni bien llegamos de Madrid, nuestro primer gran cliente fue una empresa americana que vinculaba inversores extranjeros. Les ofrecían búsquedas de propiedades viejas para reciclar en Palermo, San Telmo y Recoleta: nosotros hicimos muchos reciclajes, ampliaciones y reformas que terminaban comprando hoteleros de lujo.

¿Qué les dejó esa experiencia para lo que vino después?
Leonardo. Fue una formación interesante porque cuando apenas te recibís tenés un bagaje de otro tipo de obra, con un nivel de síntesis e información diferente. Fue un aprendizaje de cómo hacer de estos lugares espacios con cierta riqueza. Por supuesto que estando recién recibidos, hacíamos lo que podíamos: era muchísima obra, ya teníamos un montón de empleados y había mucho que controlar. Tuvimos que incorporar un montón de cosas. Muy poco de lo que hicimos nos resulta hoy atractivo, pero fue un lindo aprendizaje.

Al terminar la carrera, ¿ya tenían en claro qué tipo de arquitectura querían hacer?
Leonardo. En Madrid hacíamos recorridos urbanos para pensar en eso. Teníamos un cuadernito al que llamábamos “cuaderno amarillo” en el que dibujábamos todo lo que nos venía a la cabeza. En ese momento pensábamos que la arquitectura tenía que ser lo más simple posible en términos de la cantidad de materiales a utilizar. Veníamos con una idea muy de la argentinidad: esta cosa de poder recrear lo básico.
Fernando. Con pocos recursos se puede hacer muy buena arquitectura. Veníamos de ver cosas en España que eran… Disney. Por eso reivindicamos este aspecto un poco tercermundista de que con pocos recursos, mano de obra menos especializada o un acceso más limitado a materiales sofisticados, se podía hacer también. No teníamos claro a qué nos íbamos a dedicar, pero sí el tipo de arquitectura que nos interesaba.

¿Cómo llegaron los proyectos gastronómicos?
Fernando. No decidimos especializarnos en eso. Fue todo lo contrario: a raíz de distintos trabajos que nos fueron encargando, nos dimos cuenta de que era un nicho que nos interesaba. Pero el tipo de pensamiento arquitectónico que proponemos es aplicable a un producto gastronómico, a una reforma o a un edificio. La lógica proyectual no es tan distinta.
Leonardo. Si tuviéramos que dividir nuestra trayectoria en fases, diría que la primera fue comercial, pero de mucho aprendizaje. Después, del 2009 al 2013 tuvimos una etapa mucho más sintética: todavía estábamos tejiendo este proceso de síntesis con obras residenciales y experimentales. Por último, a partir del 2014 con el bar Victoria Brown, se marcó un camino más orientado a lo gastronómico, aunque no quiero cerrarlo a eso. Desde ese momento hasta ahora incorporamos elementos que están por fuera de la arquitectura, con disciplinas como diseño gráfico, branding, arte, artesanía. Todo eso nos generó mucha más información y aprendimos mucho de gente que no es arquitecta. Y hoy estamos en ese recorrido: no dejamos de aprender.

¿Cuál es la especificidad del local gastronómico dentro de la arquitectura y qué valor le agregan ustedes?
Fernando. El tipo de producto que estamos haciendo ahora, muy relacionado a la gastronomía, necesita más información que la arquitectónica. Tenemos un expertise en locales comerciales y todo lo técnico lo tenemos muy incorporado. La experiencia de uso de un local gastronómico la entendemos dentro del paraguas de la arquitectura: el usuario eso lo valora y el cliente también lo necesita. Es muy distinto que llame a un estudio de arquitectura por un lado, a una agencia de branding por el otro, a un asesor gastronómico y así con cada disciplina, que que nos llame a nosotros y tenga todo resuelto con un mismo equipo. Por otro lado, la mano de obra de un local gastronómico es muy diferente de la de un proyecto residencial: son trabajos muy distintos, con tiempos y presupuestos diferentes.
Leonardo. Insistimos en que tiene que haber una experiencia. Actualmente ponemos el foco en el arte conceptual y contemporáneo.

¿En cuál de sus obras lo encuentran mejor
expresado?
Leonardo. Una obra que hoy nos representa es la heladería Goodsten, una casona de Martínez en la que desarrollamos un lenguaje a partir de una exploración sensible, que tiene que ver con un montón de elementos sensoriales que están fuera de la arquitectura. Tuvimos que hacer el ejercicio de contextualizar ese espacio en un barrio de casas y hacer que esa cáscara tuviera que ver con ellas.
Fernando. Tuvimos que construir obra civil, interiorismo y branding… incluso participamos del diseño de procesos que tienen que ver, por ejemplo, con el momento en que el usuario pide el helado. Estábamos sentados con el ingeniero y con el chocolatero.

¿Cómo funcionan este tipo de proyectos dentro de
la arquitectura?
Fernando. En la facultad jamás nos hablaron de eso. Ser arquitecto de obras comerciales era mala palabra. Todo estaba más orientado a los volúmenes, las cajas, las viviendas, la Bauhaus. A fines de los 90 se empezó a valorar al arquitecto que hace interiores.
Leonardo. Hace un mes nos invitaron a París por The Nim Bar, en donde ganamos en la categoría de restaurante en Latinoamérica. Nos llamó la atención porque eran premios para arquitectura comercial en general. Las grandes firmas estaban ahí. Y se dio un debate muy interesante, porque se habló de esa arquitectura como espacio cultural. Es un mensaje muy alentador, pero también muy nuevo.

¿Por qué creen que pasa ahora?
Fernando. Por la evolución del usuario. La gente se conforma cada vez menos, busca más. Hoy con las redes sociales ves lo que pasa en todo el mundo. Lo que hoy pasa en Shangai, puede estar pasando en Buenos Aires en un mes. Todo está muy a la mano y eso eleva la exigencia. Y el arquitecto está siendo cada vez más valorado en esa función.

Mamba fue premiado por ser el bar mejor diseñado de América. ¿Lo esperaban?
Leonardo. Ya habíamos participado en años anteriores. Siempre tenés una esperanza, pero no te lo imaginás.
Fernando. A la final llegamos nosotros junto con otros ocho proyectos de estudios de Estados Unidos. Ya estar ahí, en ese evento, es un montón: estás en contacto con diseñadores y arquitectos de todo el mundo. Está muy bien organizado para que puedas vincularte. Fue una sorpresa espectacular.

¿Qué mensaje creen que recupera este reconocimiento para la región?
Fernando. Creo que revindicamos que con recursos básicos se pueden hacer cosas espectaculares. A mí eso personalmente me impacta, porque en Londres hay un grado de detalle y de construcción que acá no existen. Por eso se valora mucho nuestra búsqueda.
Leonardo. Todos los finalistas que vimos tenían obras impresionantes, pero carecían de una filosofía de pensamiento. Este proyecto pone en valor el haber trabajado una pieza lo suficientemente completa y sutil para resolver todo lo que había que resolver.

¿Qué les gustaría hacer que no hayan hecho hasta ahora?
Fernando. Más de lo mismo… por ahora estamos bien (risas).
Leonardo. Un centro comercial. Son espacios que quedaron en un envase vacío.

¿Cómo evolucionó su relación a lo largo de los años?
Leonardo. Como todo matrimonio, tenés que trabajar para que funcione. Lo importante es conocer las virtudes y los aspectos difíciles de uno, para saber en dónde poner el límite y hasta dónde podés mostrar el valor agregado.
Fernando. Ante todo, de forma muy natural. Además de socios somos muy buenos amigos, motivo por el cual siempre prevalece la confianza, el disfrute por lo que hacemos y la convicción de que empujamos hacia el mismo lado.

¿Lo mejor que les pasó desde que se conocen?
Leonardo. Tener una amistad más allá de la sociedad laboral. Lograr tener estos espacios para charlar de nuestras cosas, reírnos y compartir la vida, porque genera una fuerza extra en el dúo.
Fernando. Ocasionalmente nos surge la posibilidad de viajar por cuestiones laborales, algún premio en San Pablo, Londres, visitas a clientes en el exterior… Esos son siempre momentos que disfrutamos, ya que conectamos no solo con temas de trabajo, sino también con proyecciones a futuro, reflexiones personales, visiones de la vida, libros, música, cine, etc. A nivel personal, me da especial satisfacción ver cómo en
estos casi quince años nos acompañamos en la evolución del estudio, el crecimiento de nuestras familias y la consolidación de nuestra amistad.

www.estudiohma.com

PH Damián Liviciche

 

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