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Discontinuos

24/07/19
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Manuel Antín en Café Cortázar junto a Mariángeles Fernández

Creció en una casa ruidosa junto a siete hermanos y pasó su adolescencia adentro de un baño, el único lugar pacífico para escribir. Un prócer del cine nacional. Un gigante de la Generación del 60. Un maestro que representó a su país en el mundo y que creó en Buenos Aires una escuela única. Un poeta sensible y lleno de humor; un soñador con los pies sobre la tierra y la iniciativa por las nubes. El abuelo que todos queremos tener, un amigo para todas las edades. Llevamos a Manuel Antín al Café Cortázar y esto fue algo de lo que charló con Mariángeles Fernández, periodista y editora española.

“Yo quería ser escritor. Escribí muchos poemas y escribí dos novelas: una me la perdió Cortázar, seguramente por envidia, y la otra -‘Alta la luna’- se publicó hace un año y medio. Me preocupé por comprar todos los ejemplares para que nadie la lea. Me dio vergüenza”.

“Pertenezco a una familia integrada por diez personas: dos padres y siete hermanos, yo el octavo. En mi casa no había tranquilidad, desde luego. A los 14 años me encerraba en el baño para escribir. Pasaba mucho tiempo ahí y mi papá se preocupaba. Un día me preguntó qué hacía ahí, pero no pude decirle que escribía: se hubiera muerto de un infarto”.

“Los cineastas de los años 60 se formaban en una industria muy organizada comercialmente. Yo recuerdo que nos tratábamos todos de usted, con muchísimo respeto. Tengo una anécdota que demuestra la solemnidad entre el director y su equipo. Circe le regalaba a sus novios bombones rellenos de cucarachas. Hay una escena en la que ella las recoge en el desván de la casa para hacerle bombones a su nuevo novio. El día anterior a la filmación, el jefe de producción me dice: ‘Señor, mañana es la escena de las cucarachas. ¿Cuántas va a necesitar?’. Yo, casi atemorizado, le contesté que dos docenas. Pensé que ahí terminaba el diálogo. Pues no. Me dijo: ‘¿Negras o marrones?’”.

“Si algún mérito tengo, y eso se puede ver en todas mis películas, es una enorme fidelidad a mis escritores. He sido fiel con Cortázar, Güiraldes, Roa Bastos, Hudson. En el cuento de Cortázar, ellos viajan a París, así que nos encontramos filmando ahí, en los lugares que él amaba”.

“En ‘La cifra impar’ hay una escena en la que María Rosa Gallo viene caminando por la plaza de Furstenberg. Yo estaba tirado en el suelo porque era una toma con la cámara baja: tenía el ojo en el visor y de pronto dos pies se acercaron a mí. Apoyé la cabeza y vi a ese gigante que era Cortázar. Fue nuestro primer encuentro”.

“Yo tuve diez departamentos porque filmé diez películas. La undécima no la filmé porque no quería perder el décimo departamento. Todas las películas se llevaron algún departamento: pedíamos un préstamo que no nos alcanzaba y había que pagarlo y yo los pagaba, y para pagarlos tenía que vender un departamento”.

Ph. Martín Catz

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