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Discontinuos

28/06/19
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La vida sobre dos ruedas: Club Siambretta Buenos Aires en Bar de Cao

Corría el 2007 y ellos arriba de sus Siambrettas. Los primeros cinco empezaron a charlar en un grupo de Yahoo y se encontraron en Olivos. El punto de encuentro se movió a San Martín y entre mates y motos se fue armando una pequeña -aunque ruidosa- comunidad de fanáticos. Actualmente son 50 miembros de Capital Federal y Gran Buenos Aires: el más joven tiene 21 años; el más grande, más de 80. El primer sábado de cada mes se reúnen en el Parque Yrigoyen de San Martín y el tercer viernes en su Club de Ciudadela. En medio de la semana, los sacamos de oficinas, casas y talleres para meterlos en un bar: el de los Hermanos Cao.

Faltan pocos días para el 28 de junio. Para algunos, fin de mes. Para ellos, un patrono: San Cristóbal, protector de los viajeros. Para nosotros: la conmemoración del barrio porteño en el que desde 1915 habita el Bar de Cao. Nos pareció que todas eran buenas excusas y los invitamos. Verlos bajar por Avenida Independencia fue un espectáculo digno de road movieen formación desordenada pero pintoresca, una Siambretta 48, una de lujo 125, una estándar 125, una TV 175 y una AV 175. Los pilotos: Arturo Travazzo, Fernando Pelassini, Flavio Schiavon, Gustavo Duarte, Leonardo Converti y Mariano Alba.

Pensamos que empezaban con un café, pero fueron directo a la cerveza y la sidra. Es que, al arribar a destino, siempre se celebra: “Nunca sabés si llegás a donde vas, pero eso también es parte de la pasión”, cuenta Gustavo, que compró su primera Siambretta a los 18 años y desde entonces, además de usarla, la atiende. Porque ser dueño de una de estas motonetas, como las llaman ellos, es también ser su mecánico: entenderlas por dentro, arremangarse y ensuciarse las manos si es necesario. “Si el viaje en caravana es muy largo, llevamos un tráiler del club por si hay que llevar alguna moto que se descompone y no se puede arreglar”, explica Fernando, que recuerda que cuando su hijo tenía 12 años lo llevaba a la escuela en una de sus Siambrettas, pero tenía que dejarlo en la esquina porque le daba vergüenza: “Ahora tiene 19 y está enloquecido con las motos”.

Mientras hacemos las fotos en la ochava del Bar de Cao, la gente se acerca, pregunta, registra cada modelo con su celular y cuenta anécdotas personales con las Siambrettas. Ellos están acostumbrados, porque a donde sea que vayan, causan sensación. Su generosidad es proporcional al amor que sienten por sus motos: comparten todo lo que saben e invitan a los curiosos a formar parte de su mundo. Y a diferencia de los herreros, empiezan por casa: “Tengo nueve Siambrettas. Le armé a mi hija,  pero todavía no la estrenó. No es fácil. Hay que arrancarla con patada, pero muchas veces no funciona y tenés que seguir dándole. Te agotás”, cuenta Leonardo mientras muestra fotos de la Siambretta rosa y blanca que espera el encendido. Mariano levanta la mano: él también tiene una historia con su hija. Para entrar a su fiesta de casamiento, le pidió prestada su Siambretta y llegó levantando humo y haciendo ruido de latitas junto a su flamante esposo.  

Si bien casi todos los miembros tienen más de una Siambretta, Favio podría aplicar para el Libro Guinness: tiene 13. Su fanatismo por los motores de dos tiempos nació cuando era chico, y de adulto lo llevó hasta la fábrica original de las Lambrettas, cerca de Milán. “Me costó dos años comprar una. Vendía todo y siempre me quedaba corto. Cuando lo logré, creí que había llegado a todo lo necesario, pero estaba en tan mal estado que si no aprendía a ser mecánico, no la iba a poder usar”. Si bien su hermano reclama participación, él eligió como herederos a sus sobrinos: “Cuando yo no esté, quiero que ellos se queden con todas mis Siambrettas”.

A diferencia de los coleccionistas, que cuidan del objeto como una pieza única o en vías de extinción, los miembros del Club Siambretta hacen del arranque, el uso y la exhibición un ejercicio diario: las motos no se esconden en garajes ni se protegen con cobertores. Se ponen en marcha y se viven como si no tuvieran edad. “Se dice que la moto vieja busca al dueño”, dice Favio, pero Gustavo lo corrige: “Nosotros las buscamos a ellas”. Al verlos pedalear sobre Avenida Independencia, nos pareció que los dos tenían razón.

www.clubsiambrettabsas.org

www.instagram.com/clubsiambrettabsas

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