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Discontinuos

05/10/12
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Graficando al diseño. TRImarchi desde el backstage

El 12, 13 y 14 de octubre tuvo lugar en Mar Del Plata la 11º edición del TRImarchi, el encuentro de diseño más importante de Latinoamérica y con más convocatoria a nivel mundial. Como todos los años, habrá una generosa variedad de conferencias, exposiciones, ferias y workshops, además de las previas y la clásica y esperada BNT (ver line up completo en www.TRImarchidg.net). En esta entrevista a Sebas, un repaso de los años universitarios, el club de lectura después de clase, el origen del nombre TRImarchi, los comienzos del evento en un salón de fiestas con fábrica de medialunas y el gran salto a la fama: anécdotas imprescindibles que rinden culto al diseño.

El año pasado el TRImarchi cumplió una década. En alguna entrevista ustedes comentaban que el encuentro nació como una necesidad. ¿Cómo era en aquel entonces el backstage de ese evento que crecía a zancadas? ¿cómo crearon la idea?

Bueno, con Pablo estudiamos en la escuela de artes visuales de Mar del Plata que tiene, hasta hoy en día entiendo, bastantes falencias en lo que es la formación. Cursábamos segundo año y no teníamos tipografía por ejemplo -que en el diseño gráfico es un eje- y tenía muchas cosas que nos dejaban un poco desorientados. No está de más decir: siempre fui bastante nerd, me gustó siempre leer mucho, siempre quise aprender, tengo necesidad para aprender desde chico y tengo fascinación por los libros. Cuando era chiquito me gustaban las historietas, después me gustaron los libros de ilustración, entonces siempre que podía me compraba algún librito de diseño o de ilustración. Después de clase nos juntábamos con otros chicos que se querían quedar a leer. Yo llevaba unos libros, algunos traían otros y armamos como un clubcito para después de clase, para quedarnos reforzando todo lo que no teníamos. Esperábamos que terminara rápido la clase para ponernos a leer libros. Y, específicamente con tipografía, nos pasaba que era complejo conseguir literatura, por lo menos no sabíamos cómo llegar ahí, porque no teníamos profesor: hasta tercer año no hubo tipografía. Entonces buscamos un referente local que hasta ese momento era (y creo que hasta ahora es) Rubén Fontana*: siempre fue como un ícono a nivel tipográfico y a nivel docencia también. Un día caímos en el estudio y le tocamos la puerta con Pablo (ya teníamos afinidad con Pablo, íbamos por el lado de las búsquedas, teníamos onda desde lo que nos interesaba gráficamente). Entonces caímos a lo de Rubén, sin que nos conociese (teníamos 18 años) y le dijimos: Hola Rubén, ¿nos podés explicar tipografía? A él le cayó gracioso.

Sí, suena a ¿me podés explicar matemáticas?

(Risas) Sí, es muy así, una profesora particular. Él nos empezó a invitar a su estudio. Obviamente no nos daba clases personalizadas pero charlábamos, por lo menos nos orientaba. Íbamos así de curiosos a ver cómo era un estudio de diseño y nos iba explicando. Un día le contamos que queríamos poder llevar eso mismo que teníamos, ese contacto personal, a Mar del Plata con nuestros compañeros, con quienes nos juntábamos después de clase. Y dijo: Bueno, para lo que tengan ganas, cuenten conmigo. Le contamos el proyecto un poquito más desarrollado, se dio cuenta de que era un encuentro de diseño pero que tenía un perfil un poco más grande. Nosotros igual no planeamos lo que es ahora. Empezamos en un salón de fiestas de 15 que conseguíamos, al que le diseñábamos en ese momento los volantes de una fábrica de medialunas que tenía el lugar. No sé si quieren conocer tanto backstage (risas).

¡Sí! Muy buena historia. Imagino los ricos desayunos y meriendas que habrán celebrado.

Sí, muchos (risas). El problema que teníamos para convocar a los conferencistas era que no teníamos nada de credibilidad. Éramos dos pibitos.

¿Rubén fue el padrino del emprendimiento?

Hasta ese momento no. Le planteamos esto que queríamos hacer pero nos faltaba mucha credibilidad. Nos vestíamos mucho peor que ahora, teníamos una presencia muy compleja y muy poco vocabulario (risas), entonces nadie nos creía. Y Rubén dijo: Si quieren pueden ponerme como padrino y a la hora de convocar capaz que les sirve de aval. De a poco eso nos fue abriendo puertas y pudimos hacer un primer evento, que en sí eran amigos de Rubén y gente que habíamos conocido en diferentes ocasiones. Había un amigo de mi tío que trabajaba en California: cuando lo fui a visitar me enseñó animación, entonces para mí era un referente y lo invitamos. Él siempre me había considerado un vago (risas) y me juró que si yo hacía algo alguna vez, se pagaba los pasajes y daba la charla principal. Él había hecho la apertura del Mundial Corea-Japón, había hecho Terminator II desde los créditos, era una persona a la que le iba muy bien en la animación. Cuando me hizo esa apuesta, estuvo bueno para activar el evento.

Y cumplió su promesa…

La cumplió: vino y dio la charla. Después se enamoró de Mar del Plata, compró un terreno en Sierra de los Padres, se vino a vivir dos años y desde Mar del Plata desarrolló un montón de cosas (la espada del Rey Arturo de la película, Terminator III), muchas cosas que después salían: ¡íbamos a la casa en bici y él las estaba desarrollando desde Mar del Plata, frente a la Plaza Mitre! Bueno, así salió el primero. Nos lo financiaron nuestros papás, que eran los únicos sponsors del evento. Habíamos hecho un loguito con sus caras y se llamaba Los Papas la empresa que avalaba esto (risas). El evento en sí no costó mucho pero tratamos de hacer la mayoría de las cosas por canje para no tener una deuda grande. Salió todo perfecto: no entendimos cómo, pero de repente teníamos una cola que daba la vuelta al salón, fue impresionante. Se agotaron las entradas y al año siguiente nos dimos cuenta de que teníamos que hacer algo un poquito más grande o quedarnos en lo que estábamos, pero siempre tuvimos un delirio de poder bastante fuerte con Pablo de “vamos a ver qué onda” y nos mandábamos a una más grande. De ahí fuimos al teatro Auditorium que era el siguiente lugar más grande de Mar del Plata, un teatro para 1200 personas. Dos meses antes del evento ya estaba todo agotado de vuelta…no entendíamos cómo había sido. Al otro año lo llevamos a un estadio y ahí fue que empezó todo el quilombo porque de repente una revista china que se llama IDN nos hizo una entrevista en la que nos preguntaba si sabíamos que era el único encuentro de diseño en el mundo que, por su convocatoria, tenía que realizarse en un estadio. Y no teníamos idea. A ellos les pareció muy gracioso que lo hiciéramos tan encausados sin ver qué pasaba en el resto del mundo, que no fuéramos conscientes de lo que estaba pasando. Empezaron a ayudarnos con la promoción del evento y eso nos dio una proyección internacional bastante grande.

¿IDN se enteró de casualidad acerca del TRImarchi o el evento tenía muy buena difusión y llegó hasta ellos estratégicamente?

Mandábamos mails. Siempre que terminaba el evento hacíamos un PDF con un par de imágenes y lo mandábamos a páginas que nos gustaban o a personas que nos interesaban, diciéndoles: “Estamos haciendo esto, si alguna vez quieren ser parte, bienvenidos”. A veces nos respondían, aunque la mayoría no, pero justo IDN flasheó con lo que estábamos haciendo y empezamos una alianza que de hecho siguió: vinieron ellos varias veces al evento, vinieron representantes de China, dieron charlas…como que quedó después una buena movida con ellos. Sí, nos abrieron un montón de puertas también. Pero como que fue medio…

¿Espontáneo, no planeado?

Todo fue una concatenación de circunstancias buenas.

¿Existió una receta TRImarchi para generar una convocatoria tan gigantesca y fiel? Porque año tras año sigue creciendo y los que llegan por primera vez se enamoran del evento y vuelven. Aunque por lo que nos contás parece ser que no hubo clave para el éxito: lo hicieron bien y funcionó, ¿no?

(Risas) Bueno, tratamos igual de mantener ciertas cosas, como la búsqueda sincera. Por ejemplo, ahora nos está interesando mucho la gente que expande un poquito sus límites del diseño gráfico como etiqueta de diseño gráfico neto y explora también en la física o en fenómenos lumínicos. Entonces empezamos a buscar personas que tienen un vuelo, gente que se apoya en el diseño gráfico como carbón para desarrollar proyectos personales. Capaz que a los diseñadores gráficos les puede molestar, entonces son riesgos que a veces tomamos. Si ese año  nos está flasheando cierta cosa, no tomamos actitudes demagógicas de decir “bueno, este la está pegando, traigámoslo que va a volar”.

Bueno, ¿no es un poco el caso de Hojun-Song, que ustedes invitaron al TRImarchi del año pasado? Su propuesta integra al arte y al diseño con la ciencia y la tecnología.

Sí, claro, tal cual. El caso de Hojun fue eso. Era alguien que nos flasheaba: él quería diseñar un Dios digital que mandase señales. Fue otro delirio que avalamos.

Si bien la promesa de TRImarchi tiene un anclaje evidente en el diseño gráfico, da un poco la sensación de que la propuesta se va ampliando cada vez más, dando lugar a otras disciplinas, ¿no?

Sí, pero tampoco hay una proyección de acá a 3 años, 10 años diciendo “bueno, vamos a ir abriendo hacia las instalaciones tecnológicas porque en 3 años TRImarchi va a virar en algo de desarrollar hardware”…ni a palos. Vamos viendo año a año. Por ejemplo, el  ante año pasado salieron muchos viajes por Latinoamérica: tuvimos Pre TRImarchis en Quito, Lima, Guayaquil, lugares que tienen mucha historia precolombina visual rica y nos pegó muchísimo toda esa cultura y todo lo ancestral, entonces trajimos a un par de diseñadores que trabajan con chamanes y a personas que interpretan legados ancestrales. Nos fue por ese lado. Recibimos un montón de quejas de gente que quiere el futuro, no el pasado y otros que flashearon mucho y les encantó y al año siguiente vinieron también buscando eso. Es como que hay inquietudes que necesitamos saciar, quizás en un principio por el nivel de ignorancia que manejábamos en la escuela en la que estábamos. La principal inquietud fue tipografía, que era lo básico: necesitamos leche para desarrollar los huesos. Y al otro año era animación porque tampoco había y una vez que saciamos animación íbamos teniendo necesidades, las íbamos saciando y ahora que la búsqueda se sació más o menos en lo que son los básicos del diseño gráfico, vamos viendo quiénes son los que están llevando los límites del diseño, tanto para adelante como para atrás y ver hasta dónde llega esta búsqueda. Capaz que en 3 años terminamos como antropólogos más que como diseñadores gráficos.

Entonces en el criterio de selección de los conferencistas no hay una búsqueda de un determinado perfil de profesional sino que, como vos decís, hay una integración multidisciplinar, una presencia variada.

Sí, pero los profesionales tienen que tener una búsqueda. No nos gusta que vengan personas a mostrar sus portfolios y digan “Esto hice para esta marca, me pagó tanto. Esto hice para tal marca. Este fue el rechazado, este fue el que quedó”, porque esas son las cosas que uno interpretaría que le pueden pasar a cualquier diseñador. Puede ser más lindo, más feo, más funcional, menos funcional pero es la suerte del trabajo cuando el diseño está puesto a merced de las corporaciones. Es una línea básica: la corporación tiene una necesidad, el diseñador la resuelve, “mirá qué loco, mirá que simple”, pero solucionó una necesidad de la corporación. Ese es el diseño chato que tratamos de pasar por el costado. Nos gusta el diseñador que usa el rol de pensar para desarrollar algo que se aplique a la sociedad o algo que indirectamente le está haciendo una broma a la corporación, los que tienen una vuelta de tuerca más allá de ese diálogo marketinero que estancó tanto a algo que es muy rico. El diseño gráfico siempre fue una profesión ancestral que estuvo para otro tipo de valores. Se desarrollaron el diseño de los símbolos, las tipografías, los pentagramas para la música, como una manera de codificar conceptos abstractos mediante algo visual. Esa creo que es la esencia que nos gusta encontrar en el diseñador: alguien que puede conectar el mundo de los conceptos con las cosas concretas, físicas y visuales. Después, no sé a partir de qué década Villavicencio, Nikon (NdR: sobre la mesa había una botella de agua Villavicencio y nuestra cámara de fotos) o quien sea se dieron cuenta y dijeron “Ah, mirá estos poderes que tienen los diseñadores gráficos, los podemos usar para vender más” y ahí empezó esa mutación media perversa del diseño gráfico. Bueno: allá ellos. Cada tanto traemos de esos porque hay que vivir y la gente lo entiende y sirve como un ejemplo de cómo poder generar ese carbón para mover después tus inquietudes, pero siempre nos llamó ese perfil del diseñador pensante, del diseñador engranaje.

Y desafiante, ¿no?…aquel que busca lo “subversivo”, lo no standard.

Claro, de una. 

Abrimos la entrevista con una pregunta por el pasado del TRImarchi. Tenemos otra de esas, si es que se puede contar: ¿por qué TRImarchi? No tiene ningún tipo de vínculo con la identidad italiana, ¿no?

(Risas) No, en absoluto. De hecho, ninguno de los dos tiene descendencia italiana. Bueno, sí: mi mamá sí. Mi abuelo es de Sicilia pero no tiene nada que ver. Es una pavada en verdad, es de cuando estábamos estudiando. Teníamos una profesora que se llama Teresita De Marchi, que era la profesora de Análisis del Arte. Nosotros siempre le decíamos Tere Marchi y era un juego adolescente decirle Tere Marchi de maneras graciosas, diferentes: todo el tiempo buscábamos una manera de llamarla que le molestase más.

(Risas) ¡Es muy divertida la historia!

(Risas) Sí, a mí ya me da cosa contarla. De hecho, prometimos no contarla durante mucho tiempo y cuando salió el programa de tele para Canal A, TMTV, dijimos “¿La contamos ahora? Dale”. Y salió un programa en el que contamos especialmente lo que era TRImarchi, pero durante 8 años fue nuestro mayor secreto porque nos daba vergüenza. Ahora ya quizás estamos un poquito más viejos y podemos ver a la adolescencia como algo que está ahí nomás pero con la que ya hay una distancia y podemos decir “No, cosas de pibes”. Ella se enojaba y nos decía ¿Pueden dejar de decirme TRImarchi? Y nadie le dijo nunca TRImarchi.

Ah, encima lo inventó ella el nombre…¡le deben la marca a Tere De Marchi!

(Risas) Claro, ella. De hecho nunca se hizo cargo. Nosotros le escribimos, la llamamos por el programa de televisión y le dijimos: Teresita, si estás viendo este programa por favor escribinos. No nos respondió los mails. Tratamos de llegar a ella mediante la escuela y nos evade constantemente.

¡Estará ofendidísima!

Está ofendida, sí. Un día conocimos al hijo y le dedicamos un libro del TRImarchi contándole la historia, que fue un tributo y no una ofensa, pero inamovible la señora.

Para terminar, ¿querés contar algo que haya servido de inspiración para el TRImarchi? Pensamos que es un encuentro sumamente motivador, que puede alentar a otros jóvenes a participar del evento, a emprender algo parecido o a crear alguna forma de intervención sobre la sociedad o la comunidad de diseñadores con el mismo compromiso que asumen ustedes.

Venimos de un plan de autogestión, de no esperar que nadie haga por vos cosas que podés activar por tu cuenta. Cuando planteamos la idea del congreso, Rubén Fontana dijo: Yo tengo un posible sponsor que tendrían que ir a visitarpodemos llegar a conseguir un subsidio en caso de que llenemos algunos formularios. Veíamos que todo era una burocracia eterna, así que pensamos “vamos a hacerlo y después vemos qué pasa” y ese mismo modelo lo seguimos manteniendo hasta ahora. Aunque nos ayudaría tener esa paciencia (no la tenemos) nunca esperamos a los sponsors, a crear la marca, a esperar a que alguien te de subvenciones, sino que le vamos dando, así perdamos y estemos constantemente subiendo y bajando, y creo que esa iniciativa es algo que nos hace por lo menos cachetear a esa rigidez que se plantea en el sistema de engranajes, donde uno va a cumplir una función porque las cosas son así y si uno sigue de esa manera va a tener su auto, la casa, el perro y terminó. Y ese caminito que te plantea una manera de seguir tiene un montón de formas para salir, hacerlo divertido, desarrollarte en lo que te gusta y  saciar tus inquietudes. Creo que si un peluquero viene a TRImarchi y ve esta energía, después la va a aplicar en sus cortes y en sus movidas. Nos pasó que vienen sociólogos, psicólogos, antropólogos o cocineros al evento: cuando vemos sus fichas enseguida les escribimos para preguntarles cuál es el mambo que los trajo y todos nos cuentan un poco lo mismo: es esa energía de generar, de buscarle la vuelta, de ver las cosas desde otro ángulo. Creemos que hubo un bache en la Argentina y el mundo en el que se dejó de ver gente con pelo largo, digo pelo largo como un ejemplo. Hubo toda una movida en la que las decisiones se vieron un poquito más encasilladas, entonces lo que tratamos de hacer en cierta manera es dar opciones para llegar a ver más gente con pelo largo, que haya más gente que elija. Nuestra pequeña elección quizás sirve de ejemplo para que otros elijan, ese es el virus que nos gustaría, de a poquito, seguir estimulando.

Un plan para ir evangelizando al mundo…  

(Risas) Evangelizar la des-evangelización: hacer ver que no hay una guía concreta de que las cosas deban ser así, sino que podés optar mil cosas y la vida es una sucesión de  hechos sobre los que no tenemos ningún tipo de poder.

Está bueno este cierre entonces para que la gente sepa que si les escriben van a responder, para que se acerquen…

No respondemos, muchas veces, de colgados, porque no tenemos un asistente de mails. Por ejemplo hoy tengo 12.260 y algo de mails sin responder (risas). Es por una cuestión de colgados cuando no llegamos a uno por uno, pero le damos con todo. Todo el tiempo que nos mandan propuestas le buscamos la vuelta, cuando las llegamos a leer y a dialogar, le damos vida a lo que sea. Nos pasa con nuestro propio grupo de amigos: son todas personas que trabajaban de otra cosa, estaban metidas en otra que nada que ver y decían “uh, mirá, ustedes la están haciendo re bien”, pero para nosotros no era “la estamos haciendo re bien” sino “ustedes también la pueden hacer de la misma manera si le buscan la vuelta”. Así, a cada persona que nos fue planteando una idea, se le fue buscando un lugar y se armó una pandilla gigante. Somos un grupo de amigos. Acá en la edición de Buenos Aires fue más difícil porque no podíamos traer a todos los que trabajan en Mar del Plata, así que hubo que contratar equipos de producción para ciertos detalles. Somos un grupo de familia y amigos al que se van sumando más amigos todos los años, encontrando una función y eso es lo que está bueno también: darle herramientas o abrir los ojos de movidas a un montón de allegados y después terminamos todos en la misma.

Entonces nos despedimos con esa idea, que es muy linda: TRImarchi es una invitación a compartir.

¡De una!

*Fundador de la cátedra de tipografía de la carrera de diseño gráfico en la FADU.

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