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15/06/17
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“Entrecruzamientos: Cortázar-Fuentes / Fuentes-Cortázar”: charla abierta con Luisa Valenzuela

Charlar con Luisa Valenzuela sobre Julio Cortázar y Carlos Fuentes es lo más cercano que hay a haberlos conocido en persona. Lo mismo sucede al leer “Entrecruzamientos: Cortázar-Fuentes / Fuentes-Cortázar”, el libro publicado en 2014 por Alfaguara en el que la escritora revela las sincronías, convergencias y entrecruzamientos entre las vidas y obras de sus colegas. Sentimos de inmediato la necesidad de hacer de este libro una cita en el Café Cortázar: durante el encuentro, Luisa repasó algunas de las historias y anécdotas que están documentadas en sus páginas. Además de ser una sólida investigación, en ellas habita un sentido homenaje a sus dos amigos. Y a esta cita, le sumamos una sorpresa fotográfica.

Cuando le escribimos al fotógrafo y periodista argentino Hugo Passarello Luna, estaba volviendo a París. Nos nos cruzamos en Buenos Aires por apenas unos días, pero pudimos organizar la muestra “Fotorreportaje inesperado sobre Cortázar, París y sus lectores” para unos meses más tarde. Durante 2013 y 2014, retrató a más de 70 personas en la capital francesa (entre ellos Julio Silva, Rep, Ana María Shua, Pablo de Santis y Martín Kohan), en el lugar que eligieron: la consigna era vincular ese espacio de la ciudad con un pasaje de Rayuela y justificar por qué. Luisa fue una de las retratadas, y eligió este fragmento del capítulo 132 de Rayuela:

“Y mientras alguien como siempre explica alguna cosa, yo no sé por qué estoy en el café, en todos los cafés, en el Elephant & Castle, en el Dupont Barbès, en el Sacher, en el Pedrocchi, en el Gijón, en el Greco, en el Café de la Paix, en el Café Mozart, en el Florian, en el Capoulade, en Les Deux Magots, en el bar que saca las sillas a la plaza del Colleone, en el café Dante a cincuenta metros de la tumba de los Escalígeros y la cara como quemada por las lágrimas de Santa María Egipcíaca en un sarcófago rosa, en el café frente a la Giudecca, con ancianas marquesas empobrecidas que beben un té minucioso y alargado con falsos embajadores polvorientos, en el Jandilla, en el Floccos, en el Cluny, en el Richmond de Suipacha, en El Olmo, en la Closerie des Lilas, en el Stéphane (que está en la rue Mallarmé), en el Tokio (que está en Chivilcoy), en el café Au Chien qui Fume, en el Opern Café, en el Dôme, en el Café du Vieux Port, en los cafés de cualquier lado…”.

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