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Discontinuos

01/07/21
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«Elena de Milán», entrevista a Elena Salmistraro para Revista Estilo Propio

Nacida en 1983, la diseñadora de producto y artista ELENA SALMISTRARO vive y trabaja en la emblemática ciudad italiana. Se graduó en Diseño de Moda y Diseño de Producto en la Universidad Politécnica de Milán y, junto a su esposo, el arquitecto ANGELO STOLI, fundó su propio estudio en 2009. Desde allí trabaja para marcas y empresas como Apple, Disney, Vitra, Lavazza, Alessi, Moooi, Timberland y Re-play, entre muchas otras. Desde la meca del diseño, charló en exclusiva con ESTILO PROPIO.

Contanos sobre tu trabajo y proceso creativo. ¿Cómo empezás un proyecto?
La manera en que trabajo depende mucho de si recibí indicaciones puntuales del cliente o si es un proyecto que parte de una visión o una idea. Cuando tengo indicaciones precisas, siempre trato de entender lo que se hizo anteriormente. La investigación, tanto del objeto como de la compañía, me parece esencial y me permite pensar teniendo un punto de partida. Cuando soy completamente libre, creo mis propias referencias, historias, trazos, comenzando por lo que tengo alrededor: arte, películas, comics, libros. A partir de ahí intento establecer la forma a través de signos, imágenes pictóricas, ideas relacionadas con la ilustración, el pop art, el arte callejero. Esto le da al objeto una personalidad y un lenguaje únicos. La siguiente fase es espacial: la evolución tridimensional hasta llegar a un prototipo. Esta etapa está en constante cambio, evolucionando todo el tiempo, porque es el momento en el que la forma y la técnica se encuentran, y ahí aparecen los procesos de mediación, las decisiones del artista y las necesidades del material. Cada proyecto tiene sus diferencias, sus evoluciones y su estudio, pero, en general, este es el proceso que intento respetar, así también permito que mis colaboradores entiendan e interactúen de la mejor manera posible en el desarrollo del proyecto.

¿Que lenguajes estéticos buscás?
Como premisa a nivel personal, intento no aceptar la idea de que existe un solo método, una sola solución o una sola respuesta a algunas preguntas, problemas o situaciones en general. Este es un enfoque que llevo en mi vida tanto personal como laboral, y me mueve a buscar soluciones alternativas, a ir más allá, a ser curiosa y proactiva. Esta actitud me hace redefinir lenguajes, formas e ideas. Quiero remarcar que este enfoque no es el resultado de un deseo de subvertir el estado de las cosas, al contrario: es una simple manera de poder encontrar una alternativa, un camino diferente. Algo más personal, más cercano a mi esencia. Algo que pueda ser mi respuesta, y no la única respuesta.

¿Cuáles son tus materiales de cabecera?
Los materiales son a una diseñadora lo que los colores a un pintor: son el instrumento, así que conocerlos a todos es fundamental, algo que no puede ignorarse. Tengo que admitir que es una de las partes más divertidas y estimulantes de mi trabajo. Por supuesto, existen las preferencias, esto es innegable. Cuando todavía era una estudiante y necesitaba expresar mi creatividad, empecé a buscar materiales que estuvieran al alcance de mi bolsillo, baratos y fáciles de encontrar, maleables. Inicialmente me enfoqué en el papel. Mi tesis y algunos de mis primeros trabajos son en papel maché. Después pasé a la cerámica y ahí descubrí un material del que me enamoré instantáneamente y con el que tuve una conexión única. Sobre la cerámica no hay mucho que decir, sus cualidades son conocidas por todo el mundo: creo que es el material más versátil y completo que conozco. Aprendí varias técnicas de procesamiento, para profundizar más aún en sus pros y contras. Hoy en día en mi estudio tengo un pequeño taller de cerámica y un horno, y aunque no me considere a mí misma ceramista, puedo decir que conozco mi parte del rubro.

¿Tenés una etapa de laboratorio o experimentación durante tus proyectos?
Sí. Tenemos varios pasos de experimentación. Primero que nada, toda la fase de concepción del proyecto y la primera creación es realmente una fase de experimentación. Es una investigación en curso constante, sin un método establecido, abierta a cualquier tipo de intento, de integración. La otra etapa de laboratorio tiene que ver con el modelado en 3D, donde continuamos explorando las posibilidades estéticas y soluciones formales a través de la impresión. Este aspecto cambió un montón con el paso de los años, porque antes el modelado se realizaba en arcilla, produciendo varios prototipos y modelos diferentes. Hoy en día, la tecnología nos ayuda y confieso que, aunque es mucho menos poético, las posibilidades de análisis relacionadas con la velocidad de trabajo son realmente increíbles.

Podemos ver en tu trabajo muchas figuras antiguas, mitológicas y culturales. Contanos sobre tus influencias.
Mis influencias se encuentran dentro de mi mundo porque creo que puedo expresarme mejor cuando trabajo con cosas que conozco y que son similares a mí. Por ejemplo, las figuras mitológicas que animan mis proyectos son el resultado de algunas lecturas e investigaciones que realicé después de conocer a mi esposo. Él es siciliano, de Siracusa, una tierra llena de mitología a la que nadie puede ser inmune. Con el pasar de los años descubrí mitos y leyendas que me eran desconocidas, y tengo que confesar que el mundo de la mitología ofrece infinitas y fantásticas opciones. Por ejemplo, mi trabajo con Polifemo, o Mata y Grifo, o el último, la Quimera. Estoy fascinada por el vínculo entre hombres, dioses, naturaleza y animales que existe en los mitos, casi como si fueran una unidad inseparable. Creo que es un punto de vista, una actitud que la contemporaneidad debería redescubrir.

Tu repertorio incluye diversas formas, tipos de objetos y formatos. ¿Cuál es el límite? ¿Te sentís más cómoda o libre trabajando en objetos de diseño o en piezas artísticas?
Necesito analizar, buscar algo diferente: esta es la razón por la que disfruto trabajando en muchos formatos y objetos distintos: considero todo esto mi propia investigación. Desde este punto de vista, me siento muy cercana a movimientos como Alchimia o Memphis: no tengo la necesidad de diseñar la silla perfecta o la cuchara universal, al contrario, prefiero diseñar una silla errónea, pero que de cierta manera siembre una nueva discusión, abra un nuevo lenguaje, una nueva fase de investigación. En este sentido no creo que exista un límite, el hecho de que no exista indica una dirección. En relación a la “zona de confort”, es algo que intento sobrepasar constantemente. Cuando me doy cuenta de que ya no puedo agregar nada más, que no puedo avanzar, intento hacerlo a la fuerza y cambiar algo completamente. Es por eso que intento crear objetos que no pueden ser simplemente catalogados como arte o diseño, porque son híbridos, tienden hacia las dos direcciones de ser necesario, un área oscura que todavía tiene que ser explorada. Una zona peligrosa, pero al mismo tiempo muy estimulante y divertida, cosa que espero nunca se vuelva confortable…

Al ser una diseñadora italiana, ¿qué sentís sobre la tradición y herencia de tu país? ¿Qué significa para vos “Hecho en Italia”?
En la era de la globalización, es muy complejo discutir este tema. Primero que nada, porque sería necesario comprender qué implica hoy por hoy el “estilo italiano”. Creo que mi trabajo contiene poderosas y evidentes referencias al trabajo de los maestros del diseño italiano, y que eso mantiene el espíritu de constante búsqueda con foco en la expresión, más que en un aspecto productivo. También, estoy absolutamente convencida de que el éxito real del “Hecho en Italia” es el resultado de la relación entre artesanos de primer nivel y diseñadores. Este conocimiento práctico tiene sus raíces ahí, y no tanto en la industria, que jamás explotó en Italia como sí en otros países del mundo. Hoy en día “Hecho en Italia” significa contar una historia, la historia de un país que tiene antiguos conocimientos y técnicas dignas de ser destacadas y mostradas al resto del mundo. “Hecho en Italia” es sinónimo de calidad y atención al detalle.

Trabajaste para muchas marcas internacionales de renombre. ¿Qué aprendizajes te dejaron?
Trabajar para corporaciones es una experiencia emocionante, pero al mismo tiempo muy inusual. Estaba acostumbrada a trabajar de manera directa con el artesano, con la gente que iba a producir el objeto físicamente, a discutir y entender ideas específicas del objeto y cómo solucionarlas, directamente ahí, en el espacio de trabajo. En esos casos, la velocidad del proceso creativo nos permitía integrar una mayor cantidad de variaciones, una mayor experimentación. En cambio, todo este proceso se vuelve muy complejo al momento de trabajar con una corporación, donde el proyecto ya debe estar completamente definido en todas sus partes, para que pueda ser analizado y juzgado por los diferentes departamentos de la compañía. Esto impulsa la competencia, y te das cuenta que todos los aspectos del proyecto requieren el mismo nivel de atención y profesionalismo. El proceso es un poco más lento y laborioso, pero las estructuras y las organizaciones ofrecen la posibilidad de trabajar y utilizar recursos que de otra manera serían prácticamente inaccesibles.

Imágenes cortesía de Elena Salmistraro
www.elenasalmistraro.com

 

 

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