Nashi | Tienda de contenidos
Buenos Aires, Argentina

Discontinuos

02/07/21
Compartir en Facebook
Compartir en Twitter

«El soldado de las barras», entrevista a Fede Cuco para Revista Estilo Propio

El 15 de junio cumplió 36 años de servicio: habla de su oficio con autoridad. Cuenta historias felices, menciona nombres de colegas con orgullo, revela cómo la barra tomó su vida. Y repasa los temas tabú: ser bartener también es levantar peso, sacar la basura, lavar vasos, limpiar baños. Como en una carta amplia y para todos los gustos, multiplica su rol con distintas actividades: formó cantineros que hoy tienen sus propios bares; participó como jurado en “El Gran Bartender” (Telefe); es una de las cien personalidades más influyentes de la coctelería según el Bar World 100 de la revista Drinks International y en 2019 lanzó su primer libro, que ya va por su tercera edición: Bartender de entrecasa, publicado por Monoblock. Toda persona que se jacte de ser de las barras tiene que tener una historia con él, porque aunque diga que es “conocido en el tupperware de los bartenders”, es uno de los cantineros imprescindibles. De camisa, chaleco, pajarita, pelo engominado y una sonrisa al entregar el vaso: él es FEDE CUCO.

¿Cómo llegó el oficio a tu vida?
De casualidad. Mi abuelo había sido bartender de joven en Europa y en algún verano mi viejo fue barman para ganarse la vida. Yo tenía 14 años y quería comprarme una bici, así que tenía que trabajar. Entre esos contactos gastronómicos que habían quedado de mi padre y mi abuelo, me consiguieron un laburo de fin de semana en una discoteca del siglo pasado: tenía mesas y camareros, y yo juntaba vasos de vidrio. Un día faltó un barteneder y me hicieron pasar a la barra a ayudar. Acá estoy todavía.

 

¿Nunca te arrepentiste?
Yo tomé la decisión consciente. A los 24 me di cuenta de que no hay nada que me guste más que atender gente. Me gusta ser camarero, me gusta hacer tragos, me gusta lavar vasos: me gusta el laburo de gastronomía. El cocinero crea los platos y cocina cosas ricas; el camarero las sirve y vos estás en el medio: tenés contacto con la gente y un poco de creación también.

Y además sos un gran conversador.
Me gusta charlar, me gustar estar con la gente y prestar atención. El trabajo del bartender es mirar al cliente, porque a veces hay clientes que no quieren que les charles. Es más: tengo uno al que le gusta cómo lo atiendo porque no le doy charla. “¿Lo de siempre?”, le pregunto. “Dale”, me dice. Lo atiendo hace siete años: tardé cinco en que me dijera de qué trabajaba.

¿Qué es lo más difícil?
Que en un segundo tenés que entender qué le pasa: si está de buen o de mal humor. Cuando me dicen: “Che, ¿me hacés algo?”, yo pregunto de qué humor está esa persona. Es un poco de todo: el día, la música, es sentirse cómodo. Yo a veces digo que es la elegancia, pero no por lo que te pongas, sino por la prolijidad. Cuidar al cliente, estar en el detalle: una servilletita debajo del vaso por ejemplo.

¿Te sentís más cómodo con el laboratorio o con los clásicos?
Siempre tengo gente joven con ganas de investigar: llego cuando las cosas están armadas y doy mi opinión. Y estoy para bajar los pies a tierra. Por ejemplo, si vas a hacer algo que está buenísimo, pregunto cuántas horas te lleva hacerlo. Está bueno tener uno o dos cocteles complicados, pero si todo lleva muchas horas de preparación previa, termina siendo caro. El mejor bartener es el que menos camina: la mise en place, tener las cosas preparadas de antemano, me parece perfecto.

¿Cómo se puede ser un bartender de entrecasa?
Los bares tienen que volver a casa con el mueblecito en algún rincón. Esa puertita que abrís en lo de tu abuela y tiene un Tía María o licor de huevo, tiene que volver con cosas más modernas: para que la gente se anime a hacer su Caipi, su Mojito o su vermú. A la coctelería la va a salvar la gente tomando en casa.

Imágenes cortesía de Fede Cuco y Monoblock

Contacto

* Campos obligatorios