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21/01/19
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«Chica de campo, mujer de ciudad»: una entrevista a Sofía Willemoës

Nació en La Plata, pero durante su infancia y adolescencia vivió en distintos campos de Buenos Aires. Después de trabajar diez años como abogada, dejó su estudio y se retiró de la profesión para crear su propia marca, especializada en el diseño y producción de géneros, empapelados y murales. Hace dos meses emprendió una de sus mudanzas más desafiantes: Nueva York será su nuevo hogar y el destino elegido para el nuevo local. Además de atender clientes particulares que buscan identidad para sus espacios, desarrolla proyectos a escala internacional para empresas como WeWork y Contract. Trabajadora, apasionada, segura de sí misma: Sofía Willemoës es el retrato de la mujer argentina emprendedora.

¿De qué origen es tu apellido?
Es danés. En Dinamarca es como si fuera acá Almirante Brown: un antepasado mío, PETER WILLEMOËS, es un héroe naval allá, en donde hay muchas calles que se llaman así, un museo y hasta un monumento en Copenhague. No quedó nadie de la familia porque migraron a Inglaterra y la Argentina.

Hay algo nómade en la tradición de tu familia…
¡Si! Yo de chica me mudé muchísimas veces: viví como veinte mudanzas, muchas en el campo. Pero los nómades en realidad son mis padres. En uno de los campos donde vivimos había una quinta enorme: el quintero nos repartía en las casas todas las frutas y verduras. Tuve una infancia divina y creo que todo ese entorno de naturaleza ahora salió por acá. Yo viví en Buenos Aires desde los veinte años hasta ahora, que me mudé a Nueva York. Si bien aprendí muchas cosas en esas mudanzas, también sufrí de chica, por eso mis hijos nacieron acá y es la primera vez que viven algo así: tienen seis y nueve años.

¿Por qué Nueva York? ¿Era uno de tus nortes?
La empresa creció rápido y pasaron muchas cosas en poco tiempo. Fui a exponer a Milán, París, Londres, Nueva York, Chile. Abrimos el local, el estudio y la oficina de Nueva York. Empezamos tercerizando la producción y después abrimos nuestro propio taller. Exportamos. Hicimos mucho porque me mato trabajando, me encanta lo que hago y, sobre todo, porque tengo un buen equipo, que siempre digo que es lo más importante. La idea de Nueva York surgió hace dos años con mi marido como algo que teníamos ganas de explorar: queremos expandir la marca internacionalmente y seguir produciendo desde Argentina. Estando allá es más fácil, porque todo el mundo viaja a Nueva York. A la Argentina lamentablemente no: estamos lejos, no es un lugar de paso.

¿En qué ciudad naciste?
En La Plata. Pero también viví en La Patagonia y en campos muy lindos en provincia de Buenos Aires. Algo que me rodeó mucho desde chica fueron los caballos: mi papá siempre se especializó en aras y mis hermanos y tíos juegan al polo. Todavía no aparecieron en los murales, es una figura difícil de incorporar, pero seguramente lleguen en algún momento.

¿Causalidad, quizás? Porque toda esta aventura empezó con un caballo en París.
Si, total. Fue un flechazo durante mi luna de miel. Estábamos paseando y vi unos sillones con unos caballos en una vidriera. Como veníamos charlando, mi marido siguió caminando, pero yo me quedé como petrificada. Es como si mi vida se hubiese sintetizado en ese momento. Por eso son tan lindos los viajes, porque a veces generan movimientos en lo personal.

Suelen decir que tu obra es romántica, pero tiene más que ver más con la memoria emotiva.
Sí. Al principio usaba muchas flores y colores rosas, pero la estética fue cambiando. Ahora estoy muy copada con todo lo oscuro. Tiene una carga emocional importante: más allá de lo mío personal, tiene que ver con que la naturaleza nos conecta con nuestro origen. Yo me crié con ese entorno. En primero y segundo grado fui a una escuela de campo: yo iba en bici, pero tenía compañeros que llegaban a caballo. Para mí esas experiencias fueron espectaculares. Creo que la gente que está rodeada de naturaleza se siente más inspirada, hace que se sienta bien. Por eso ahora la decoración está yendo hacia ahí, no solo en casas sino también en espacios de trabajo. Igual todo esto surgió de grande. Yo soy abogada, pero cuando quedé embarazada de mi hija hubo un clic: me salió todo junto.

Sos diseñadora, emprendedora, empresaria. ¿Cómo viviste el cambio de rol, viniendo de la abogacía?
A mí siempre me encantó emprender. Para mi primer emprendimiento, como era menor de edad, me tuvieron que emancipar para constituir la sociedad: era una agencia de promociones y publicidad. Me sirvió para aprender todo lo que no hay que hacer. Pero el tema del emprendedorismo es algo medio familiar: mi abuela tenía una empresa con 50 empleados, estaba metida en política. Era de Pergamino y querían elegirla como Intendenta, pero no tuvo el apoyo familiar. Era una mujer de armas llevar, con mucha fortaleza. Mi mamá también fue muy emprendedora, y creo que eso una lo va mamando. La nuestra es una empresa muy de mujeres, hay solo dos hombres en nuestro equipo: está bueno contarlo porque la naturaleza de la marca es muy femenina.

¿Cómo es la dinámica de trabajo con los ilustradores?
No están en mi equipo acá en Argentina, son extranjeros. Trabajamos mucho con mails ida y vuelta: yo les mando bocetos muy elementales. Lo que busco es que sean buenos desde la técnica y que tengan paciencia. Les digo exactamente todo lo que quiero: un paisaje con estas plantas (y les mando una foto), con una china que tenga un tocado (y les muestro una referencia), con plumas de tales colores. Armo todo el escenario. Siempre las primeras pruebas no tienen nada que ver con lo que tengo en mi cabeza: es muy tedioso. Quizás me mandan un árbol quince veces hasta llegar al definitivo. Es como en cualquier proceso de diseño, pero no es para cualquiera.

¿Cómo es el cambio de escala entre un proyecto como WeWork y el living de un particular?
Son muy diferentes en cuanto a la persona o intermediario. En WeWork es un diseñador de interiores
que tiene una bajada de línea de la empresa y tiene que traducirla. En la casa, la persona está más libre y puede jugar más. También nos pasa con los hoteles Contract, que la persona que está a cargo tiene más libertad. Pero en el fondo, lo que tienen en común todos los proyectos, es que tienen que ver con lo emocional. Además, genera mucho impacto visual.

¿Y el impacto sobre el medio ambiente?
Usamos tintas al agua: no tienen olor y no hacen daño, aunque son más caras, por eso muchos terminan imprimiendo con solvente. Nosotros somos anti solvente: es muy tóxico para el operador de la máquina, tanto a nivel piel como respiratorio. Tampoco usamos vinilo: acá se usa mucho como empapelado, pero yo lo veo como algo muy brillante y plástico, más para gráfica, siento que desluce el producto. Son dos cosas que tenemos en nuestra filosofía de producción: no usar solventes ni vinilo.

¿Por qué elegiste al empapelado como producto?
La gran pregunta de la gente es qué poner en las paredes de su casa. Pueden ser cuadros, pero no todo el mundo sabe de arte y puede ser caro. Entonces, el empapelado se convirtió en una solución práctica. Un mural llena mucho el espacio, se coloca rápido y, a diferencia de uno pintado a mano, ya sabés cómo va a quedar, así que es una buena opción.

¿Algún proyecto pendiente?
Hasta los últimos dos años, fue Nueva York. El proyecto más fuerte y cercano que tengo ahora, es el de esa ciudad. Voy a buscar un concepto distinto al de Arenales, que lo veo muy tradicional. No creo que vaya a ser grande, porque hay algo de lo pequeño que me gusta: que sea más íntimo, tipo boutique. Y a largo plazo, me gustaría poder tener un local en las ciudades más importantes, como Londres. Si bien hoy con la venta online toda la gente dice que no es necesario, un local con posicionamiento de marca que ofrezca una experiencia, para mí es importante.

Tus locales invitan a vivir una experiencia. Y tus vidrieras cuentan historias.
Sí, esa es la búsqueda. Desarrollamos una puesta en escena y todo se hace acá, con nuestro equipo. La experiencia es muy importante: en general la gente valora esas propuestas, se siente agasajada. Me gusta asumir un riesgo en las cosas que hago: quiero generar un cambio y mostrar algo diferente desde nuestro pequeño lugar.

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