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Discontinuos

12/12/16
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“Bodas de aluminio”: entrevista a María Zunino y Geraldine Grillo

El 2016 fue su año: cumplieron una década como socias y ganaron el segundo puesto en el ranking de los mejores estudios argentinos en la categoría de interiorismo. Perceptivas, curiosas, amantes de su trabajo: además de dupla creativa, son verdaderas compañeras de ruta.

¿Cómo se conocieron?
MZ. Yo empecé a trabajar en 1986 y con Gerlad nos conocimos en el 2005: ella había ganado una beca en DArA y yo la primera Medalla de Oro en Casa FOA. En el 2006 la invité a participar de un Casa FOA a la que me había comprometido a participar y fuimos una dupla imbatible: una interiorista y una arquitecta. Nos fuimos nutriendo mucho y crecimos juntas.

La fusión de las dos disciplinas, ¿sucedió de manera armónica o tuvieron que trabajarla?
MZ. Fue muy natural y espontáneo. Hoy ya es una tendencia el trabajo con equipos interdisciplinarios: de ese modo podemos abarcar mucho más. Las carreras están absolutamente fusionadas: hoy la arquitectura y el interiorismo se encuentran posicionadas del mismo modo.

¿Le costó llegar al interiorismo?
MZ. Sí…en mis casi cinco años de presidencia en DArA, luché mucho por el posicionamiento de la profesión. En ese momento era algo muy nuevo pero hoy los estudios de arquitectura que hacen interiorismo están muy orgullosos de decirlo. Un proyecto es mucho más rico con las disciplinas combinadas.

¿Cómo es la dinámica de trabajo entre ambas?
MZ. El momento más divertido, el que más disfrutamos, es en el que estamos diseñando: nos miramos y ya sabemos qué es lo que vamos a hacer.
GG. En nuestras obras ya hay algo presentado. La vemos y entendemos el diagnóstico. Después volvemos al estudio y lo discutimos y le buscamos una forma, pero el planteo lo tenemos claro desde el principio.

Participaron de muchas ediciones de Casa FOA. ¿Cómo se hace para crear el espacio con un habitante o usuario invisible?
GG. Nos inventamos una historia: los límites, para quién, para dónde.
MZ. FOA es un laboratorio también. Para nosotras siempre está el cliente: desde hace diez años nos acompaña el mismo sponsor, que es De Otro Tiempo. Hacemos prueba de materiales, tratamos de ser innovadoras en el uso de los mismos.

¿Cuál es el cliente ideal?
GG. El que tiene personalidad y sabe cuáles son sus necesidades. Ahí nuestra misión es generar soluciones y una propuesta estética.
MZ. Escuchamos hace muy poco una frase que creemos que lo define muy bien: el cliente ideal es el que sabe aprovechar al profesional. Nosotras tenemos diez años de trabajo en equipo más lo que cada una trae de antes: el cliente que sabe aprovechar toda esa experiencia es el que nos gusta.

¿Qué tipo de proyectos les generan más atracción?
MZ. Los desafíos más lindos son los proyectos públicos, aunque no están bien remunerados. Pero es donde tenemos una libertad de creación que trasciende todos los límites. A nosotras nos gusta mucho jugar y crear historias a la hora de diseñar.

Y en los proyectos con más bajada, ¿cómo se evita la repetición de fórmulas?
MZ. Hemos hecho desde una playa, un VIP para los Rolling Stones o una vivienda y creemos que tienen que ser diferentes. Porque la gente que nos viene a ver es diferente, entonces el diseño no puede ser el mismo.
GG. Hay cosas que sabés que funcionan pero tratamos de no abusar del recurso, porque nos aburre. Somos también muy contextuales y respetuosas del patrimonio: no queremos ser las modernas en un edificio antiguo, nos gusta trabajar respetando la arquitectura.

¿Descubrieron alguna revelación material este año?
MZ. Siempre volvemos a los nobles. Tratamos de incursionar porque muchas veces la gente nos pide otros materiales por una cuestión económica. Pero si no, nos gusta trabajar con madera y mármol, además de con remakes: los calcáreos por ejemplo, que tienen el valor agregado de poder generar un diseño propio. Todo vuelve remixado y eso nos genera mucha curiosidad: este año fue el bronce y el vidrio.
GG. Hay materiales que vamos adoptando, como las imitaciones. Pero cuando usás el noble, te cambia la energía del espacio. Algo que vimos mucho en Milán fue el uso del textil aplicado a la arquitectura: son materiales que tienen una textura simulada y que dan como cobijo.

¿Algún espacio con el que no sientan empatía?
MZ. Los cuartos de huéspedes, porque no tienen alma. No sabemos quién la va a ocupar, entonces terminan siendo como habitaciones de hotel.

¿En qué están trabajando ahora?
MZ. En una residencia de 1500 m2 en San Luis, que tuvo mucho tiempo de desarrollo por lo grande que es. También estamos trabajando en un proyecto de vivienda muy lindo en Miami: fue un gran desafío porque nos tuvimos que adaptar a un sistema de trabajo americano.
GG. Estamos con proyectos en Mar del Plata, ahora armando las partes sociales de muchos edificios. Empezamos en uno con el hall, en otro con el zoom y áreas comunes, y ahora estamos con el tercer edificio armando fachada.

Si pudieran elegir armar su casa de los sueños, ¿cuál sería?
MZ. Cuando de chica viajaba en tren, prestaba mucha atención al modo en que vivía la gente al costado de las vías. Las casas del cuento de los Tres Chanchitos yo las veía en la realidad: me parecía que la gente era más feliz en esas construcciones efímeras. No sé si es un sueño, pero en mi campo, una casa con los vagones del tren.
GG. Yo amo las casas de los árboles: me gustaría un nido arriba del árbol.

¿Cuál fue el mejor aprendizaje que recibieron en los últimos diez años?
MZ. Aprendimos a compartir: nos seguimos eligiendo todos los días.

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